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on 2010/1/25 10:00:00 (8248 reads)

LA CACERÍA DEL ESCOPETA NACIONAL
 
UNA EXCLUSIVA DE EL MUNDO, 40 AÑOS EN EL BAÚL / LAS FOTOS SECUESTRADAS

 

No puedo recordar quién dijo aquello de que lo verdadero, a veces, puede parecer inverosímil, pero estoy convencido de que la auténtica realidad siempre es inverosímil, sorprendentemente inverosímil y extraña.

FOTOGRAFIA: Franco, retratado con las 4.601 perdices que se mataron en una cacería en 1959, en Ciudad Real.

Todos estos calificativos le hubiera endosado a la famosa película de Berlanga La escopeta nacional si Azcona hubiera incluido, en el guión, estas imágenes de las cacerías de Franco. Pero, estoy seguro de que ni 100 berlangas ni 1.000 azconas juntos lo hubieran podido nunca superar. Las cacerías pasarán a la Historia como un signo lúdico del franquismo.

A pesar del tiempo transcurrido, al Régimen se le sigue y se le seguirá identificando con ojeos de perdices y monterías de gamos. La Otra Crónica (LOC) publica las fotografías hasta hoy inéditas de la cacería celebrada en la Encomienda de Mudela (Ciudad Real) del 16 al 18 de octubre de 1959, en la que se abatieron 4.601 perdices.

Toda la prensa española de aquella época era un gigantesco botafumeiro que, a diario, incensaba a la primera escopeta nacional que, si no le temblaba la mano, como nunca le tembló, a pesar del parkinson, a la hora de firmar cinco penas de muerte, en septiembre de 1975, mucho menos disparando sobre miles de inocentes perdices en los cotos de La Mancha.

No en balde, Franco les dedicó parte de su tiempo, tanto que, según su primo hermano, el teniente general Francisco Franco Salgado Araujo, jefe de su Casa Militar y secretario, «la parte más débil del general resultó ser su desmedida afición a la caza. Se le adulaba por esto y se le facilitaba satisfacer su afición». ¿De qué manera? Todo el que tenía un coto y deseo de medrar le cursaba una invitación. Y eran tantas las invitaciones y tantas las fincas que, si no tenían coto, las repoblaban adquiriendo ciervos para que el general disparara, que no daba abasto. «Me parece bien que se dedique a cazar los fines de semana, incluso, que haga semana inglesa, pero no este abuso de una semana entera y dos días de la otra», decía su primo.

No se entiende cómo el país pudo funcionar a lo largo de, nada menos, 40 años. Cuando empezaba la temporada cinegética, casi no quedaba tiempo para despachar con los ministros, que también se iban de cacerías, unas veces con el general y otras por su cuenta. Había meses en los que eran 12 días laborables los que Franco dedicaba a la caza, más los que empleaba en los desplazamientos. Descontados los festivos, le quedaban para trabajar, a lo sumo, 10 días del mes. Durante todo este tiempo, también estaba ausente medio Gobierno pues a Su Excelencia le acompañaban hasta seis ministros. Muchos opinaban, entre ellos su primo, que si Franco hubiera sido, solamente, Jefe del Estado, se podría haber permitido estos lujos. Pero no se podía olvidar que también era Jefe de Gobierno.

Varios fueron los meses en los que estuvo cazando los días 2, 3, 4 , 5 y 6 seguidos para volver a tomar la escopeta durante los días 12, 13, 14, 19, 20 21, 26, 28 y 29. Es decir, 17 días de un mes no de vacaciones sino tan laborable como noviembre. En algunos de estos ojeos de perdices, Franco, según su médico personal, Vicente Gil, un hombre leal por completo y de los pocos que le decían las verdades del barquero, llegaba a disparar hasta... 6.000 cartuchos. «Eso es terrible para un hombre de su edad. El día menos pensado le revienta la aorta. ¿Qué puede hacerse para frenar esta desmedida pasión por las cacerías?», se preguntaba Gil. Esto era excesivo. Daba la impresión de cierta frivolidad. Como frívolo era presumir: «en la última cacería batí el record mundial matando... 5000 perdices».

José María Sánchez Silva cuenta cómo un día Franco, recontando las perdices capturadas, echó en falta una pieza, una sola. El sabía que había abatido una más, la que faltaba. «Sé dónde está. En aquellos matorrales». Y echándose la escopeta a la cara, disparó dos tiros en esa dirección. De entre los matorrales, salió aterrado un lugareño con la perdiz en la mano. Ignoro qué le sucedió al pobre hombre.

A lo peor, la Guardia Civil le dio una paliza. Pero, quienes presenciaron aquel hecho nunca podrán olvidar la expresión de terror de aquel hombre que, posiblemente, se llevaba la perdiz porque era lo único que aquel día podía dar de comer a su familia.

HISTORIA DE UNA FOTO

Del 16 al 18 de octubre de 1959 se celebraba, en los Cotos de Santa Cruz de Mudela, un ojeo de perdices, uno más de los muchísimos a los que asistía el General Franco. Como la cacería se celebraba en tierras de Ciudad Real, de la que era gobernador civil José Utrera Molina, suegro de Alberto Ruiz-Gallardón, éste llamó a Eduardo Matos Cuesta, el gran fotógrafo de La Mancha y un ilustre personaje humanista y políglota que, no sólo tiene una calle en Ciudad Real sino incluso un monumento. Desconozco si el gobernador había pedido permiso a la Casa del Generalísimo para que el señor Matos pudiera desempeñar su trabajo. Lo cierto es que las fotografías que Matos tomó de aquel espectacular ojeo nunca vieron la luz ya que fueron secuestradas por orden superior. Desde entonces las placas de cristal de gelatino bromuro permanecieron en los archivos del ministerio de Información -luego de Interior-, antes de la gobernación, hasta que, en 1986 y por mediación de Tierno Galván, entonces alcalde de Madrid, se le restituyeron a Eduardo Matos. Este documento excepcional ve por primera vez la luz gracias al historiador José Lopez de la Franca, gran amigo del que fue ilustre fotógrafo y que lo conserva en sus archivos de Ciudad Real.

JAIME PEÑAFIEL - EL MUNDO 23 - 01 - 10



¿Qué vieron en estas fotografías las autoridades tanto de la casa de su Excelencia como del Ministerio de la Gobernación para impedir su publicación? Posiblemente la obscenidad de quien no tenía pudor en posar ante una masacre de inocentes perdices como la que recogen estas fotografías./ J. P



ARRIBA. 1. José Utrera Molina. 2. Aurelio Segovia Mora-Figueroa. 3. José Ramón Mora Figueroa. 4. José María Sánchiz Sancho. 5. Carmen Franco, 6. Fernando Finat, marqués de las Almenas. 7. Sra. Aznar. 8. Cristobal Martínez Bordiú. 9. Carmen Polo. 10. Franco. 11. Mateo Sánchez. 12. Conde de Caralt. 13. Fernando Terry. 14. Sra. Cánovas. 15. Cirilo Cánovas, ministro de Agricultura. 16. Conde de Teba. 17. Fernando Fuertes de Villavicencio. 18. Vicente Gil, médico de Franco



FOTO  IZQUIERDA. (Iqda.-dcha.) Sanchiz, Mateo Sánchez, Franco, Cirilo Canovas, José Ramón Mora-Figueroa.

FOTO  DERECHA. (Iqda.-dcha.) Entre otros, Vicente Gil, Aznar, Finat, Sánchez, Cánovas, Franco, Cristobal Martínez Bordiú, Sánchiz Sancho, José Ramón Mora Figueroa, Conde de Teba, Aurelio Segovia, Fernando Terry.

 



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