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TERLINQUES: UN HALLAZGO ARQUELOGICO

Panorámica ideal de la Laguna desde TERLINQUES

 

DÓNDE Y CÓMO VIVÍAN

Hace 4.000 años, el Corredor de Villena estaba habitado por un amplio número de familias distribuidas en varios caseríos y masías.

Caseríos como Terlinques y masías como los Cabezos de Penalva, estaban ubicados en la cima y laderas de cerros situados, principalmente, en torno al amplio número de lagunas – Laguna de Villena, La Lagunilla, El Balsón – existentes entonces y desaparecidas en la actualidad.

El paisaje de Villena era bastante diferente al actual. Era una zona rica en agua y especies animales ( ciervos, cabras montesas, aves, reptiles… ) y vegetales, con amplios humedales y áreas encharcadas en las zonas más bajas y bosques de encinas y pinos en las estribaciones montañosas. Solamente en las zonas cercanas a los caseríos se habría modificado este paisaje como consecuencia de la puesta en cultivo de las tierras.

Las excavaciones arqueológicas como las efectuadas en Terlinques nos permiten saber que los caseríos estaban compuestos por varias casas o habitaciones adosadas, de dimensiones variables, construidas en terrazas con muros de piedra trabada con tierra y, posteriormente, enlucidos. Todas ellas, muy sencillas, disponían de un vano de acceso y en su interior era frecuente la presencia de bancos multifuncionales, hogares donde cocinar y un amplio conjunto de utensilios domésticos como vasijas, sacos y cestos de esparto donde contener líquidos y alimentos, molinos donde triturar el trigo e, incluso, telares para elaborar las vestimentas.

 

Reconstrucción ideal del poblado de Terlinques

 

CÓMO SE ORGANIZABAN

Los aspectos fundamentales sobre los que se sustentaban las relaciones entre aquellas gentes eran la producción y la reproducción del grupo humano. En cada caserío como Terlinques, vivirían entre 40 y 60 personas, posiblemente familias extensas emparentadas. Todos los miembros se dedicarían por igual a las labores productivas necesarias en su mantenimiento. Aunque existiría una división sexual del trabajo, la comunidad participaría en las labores agrícolas ( siembra, siega, trillado, etc.,.), pastoreo y cría del ganado, caza, pesca y recolección así como en labores de mantenimiento o en la construcción de las casas.

Por lo tanto, cada caserío constituiría un núcleo de poblamiento prácticamente autosuficiente.

Sin embargo, estos caseríos y masías no podían funcionar de forma autónoma. Para muchos aspectos y en determinadas circunstancias necesitaban de otros caseríos. En los momentos de escasez de alimentos ante malas cosechas o en epidemias del ganado, sería necesaria la cooperación entre caseríos. Esta reciprocidad en cuestiones económicas se afianzaría a través del establecimiento de lazos matrimoniales que, además, favorecían el intercambio genético entre los grupos humanos de los distintos caseríos combatiendo así la consanguinidad.

Por todo ello, el conjunto de caseríos del Corredor de Villena junto a otros de zonas limítrofes constituiría una autentica comunidad cohesionada de tipo tribal, propietarios de forma igualitaria del territorio en el que vivían.

 

DE QUÉ SE ALIMENTABAN

 

Considerar a estas poblaciones como campesinas, teniendo presente que se alimentaban de lo que ellos mismos producían, es la mejor forma de definirlos. La actividad económica principal en la que invertían su trabajo y que les proporcionaba buena parte de su subsistencia era la agricultura de cereales con la que obtenían fundamentalmente trigo y cebada, y en menor medida, habas y guisantes.

En Terlinques, tanto en las excavaciones arqueológicas realizadas por J.M. Soler García, como en las recientes, se ha documentado la presencia de trigo y, en menor representación, cebada. Estas plantas posiblemente fueron cultivadas en los llanos septentrionales cercanos al asentamiento y a la Laguna de Villena. Una vez trillado, el trigo era almacenado en sacos de esparto y conservados para su consumo en las casas, donde habitualmente se encontraban los molinos para su trituración.

Al mismo tiempo, en cada uno de los caseríos y masías se criaba un número de animales domésticos como ovejas, cabras, vacas y cerdos, adecuado a sus necesidades y capacidades. Estas especies no solo proporcionaban carne para cubrir las necesidades proteínicas de la población, sino que de ellas se obtenían múltiples productos derivados como leche, queso, pieles, tripas, lana, huesos y cuernas para elaborar útiles, etc.

La agricultura y la cría de ganado, aunque constituían la base fundamental para asegurarse la subsistencia, eran completadas – especialmente en los años de malas cosechas o epidemias – con la práctica de actividades como la caza de ciervos, conejos, liebres, jabalíes y aves: la pesca, abundante en las zonas lagunares del entorno, y la recolección de todo tipo de recursos silvestres como bellotas, acebuches, huevos, etc.

De este modo se aseguraba una dieta alimenticia equilibrada y, por tanto, el mantenimiento y crecimiento de la población.

Interior de la habitación de Terlinques

 

¿ QUE PRODUCIAN ?

Los habitantes de Terlinques conocían perfectamente los recursos naturales existentes en su entorno y realizaban un aprovechamiento exhaustivo de los mismos. Con ellos elaboraban de forma artesanal, un amplio conjunto de objetos destinados a cubrir las necesidades básicas de tratamiento de los alimentos, almacenamiento y vestido.

De entre las materias primas inorgánicas sabemos que empleaban las arcillas existentes en el Corredor de Villena para la elaboración de un gran número de vasijas cerámicas y de pesas de telar. Además, las paredes, suelos y techumbres también estuvieron enlucidos con arcilla y yeso. Buena parte de los instrumentos de trabajo eran elaborados sobre diversos tipos de rocas. Podemos destacar el uso de sílex – o pedernal – de la partida de las Pedrizas en la elaboración de los dientes de hoz; o el aprovechamiento de las diabasas del Cerro de los Cabezos y de la Colonia de Sta. Eulalia para hachas, azuelas, mazos y percutores.

La metalurgia era otra actividad artesanal. Sin embargo, el cobre no existe en estas tierras y, necesariamente, tenía que ser adquirido a través del intercambio con otras comunidades que habitaban en el sudeste. Con él producirían tanto instrumentos de trabajo – cuchillos, hachas o punzones - , como objetos de adorno.

También se utilizaban materiales orgánicos como la madera, esparto, cuero, lino y junco, aunque la dificultad de su conservación y recuperación hace que sea una de las artesanías peor conocidas. La madera de pino y de encina no solamente se empleaba en la construcción de las casas sino que también servirían para elaborar todo tipo de instrumentos como vasos, pasadores, espátulas, tapaderas, etc. Por su parte las fibras vegetales, como el esparto, fueron empleadas en la manufactura de sacos, capachos, esteras, esparteñas y cuerdas, mientras que otras como el lino y la lana, estuvieron íntimamente relacionados con la elaboración de tejidos para el vestido.

 

Proceso de hilado manual

LAS ACTIVIDADES TEXTILES EN TERLINQUES

 

La vestimenta y otros tejidos necesarios en la vida cotidiana eran habitualmente elaborados por los habitantes de Terlinques a través de la preparación de fibras como lana, lino, junco y esparto.

El hilado del lino y probablemente de la lana se realizaba mediante el empleo de los denominados usos manuales en los que se empleaba fusayolas de cerámicas como contrapeso. Un huso es un instrumento de madera a modo de vara alargada y redondeada que va adelgazándose hacia las puntas. En una de ellas se pondría un contrapeso – fusayola - . Con un movimiento rotatorio se hilaría torciendo la hebra y devanando en él lo hilado.

 

Una vez que la vara ya no podía contener más hilo, la fusayola era separada del huso para iniciar el proceso de hilado sobre otra.

Con este hilo se podrían realizar tejidos en telares muy sencillos, algunos de ellos verticales y de pesas, dado que con frecuencia en las excavaciones suelen aparecer numerosas pesas de barro cocido concentradas en un espacio muy reducido.

En yacimientos como Terlinques también se han recuperado numerosos restos de cestos, esteras y cuerdas de esparto trenzado. Su elaboración fue realizada de la misma forma que se ha hecho hasta la actualidad.

Una vez preparado el esparto mediante su secado al sol o cociéndolo en agua durante varios días y picándolo, se elabora la pleita – tira trenzada – y, posteriormente, se realizaba con ella los diferentes objetos. La denominada cestería cruzada en diagonal esta bien representada en Terlinques en algunos restos de cestos, a igual que el empleo de cuerdas utilizadas, entre otras cosas, como asas de vasijas de cerámica.

Foto izquierda: uno de los husos antes de su restauración

Foto derecha: aspecto que presenta el huso después de la intervención

UN HALLAZGO EXCEPCIONAL:

LOS HUSOS DE TERLINQUES

Terlinques es uno de los yacimientos de la Edad del Bronce más importantes de la Comunidad Valenciana. Fue dado a conocer por José María Soler García y Eduardo Fernández-Moscoso, quien realizó una campaña de excavaciones en 1969 y consiguió una de las primeras dataciones absolutas de la Península Ibérica empleando la técnica del carbono-14. De este modo se puedo saber que esta aldea estuvo ocupada entorno al 1850 a.C.

En octubre de 1997 se reiniciaron las excavaciones arqueológicas, que han permitido conocer parte de una amplia habitación que fue abandonada como consecuencia de un incendio. Posiblemente este incendio afectó a gran parte de la aldea, obligando a sus habitantes, de unas 40-60 personas, a trasladarse a otro emplazamiento.

En esta habitación se conservaron, dentro de un cesto de esparto junto a varios kilos de trigo y cebada, el mejor conjunto y único en la Comunidad Valenciana de husos u ovillos de la Prehistoria. El hilo, posiblemente de junco estaba almacenado para ser empleado en labores textiles.

Dada la fragilidad, el estado de conservación y la importancia de los husos, fueron trasladados a instancias de la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Conselleria de Cultura, Educación y Ciencia, al Instituto del Patrimonio Histórico Español de Madrid para su conservación y restauración.

Su restauración ha sido costosa y muy laboriosa debido a que se encontraban afectados por cristales de yeso y por una fina red de raíces que incluso llegaban a atravesar de lado a lado algunos de los fragmentos de madera. La intervención consistió en la eliminación de los restos de sedimento así como en la aplicación de una resina acrílica para su consolidación. Este tratamiento, que ha durado casi un año, ha sido muy positivo y gracias a ello, las generaciones futuras podrán conocer y disfrutar de un nuevo tesoro en Villena de las sociedades que nos precedieron.